lunes, 8 de enero de 2018


Estilos de liderazgo predominantes con base en redes cerebrales subyacentes DMN-TPN

Neurociencia Cognitiva Aplicada a las Organizaciones, desarrollada por el programa de Especialización de Gerencia del Talento Humano y Riesgos Laborales, de la Corporación Universitaria Unitec de Bogotá-Colombia.
El propósito general del proyecto es contribuir al avance del conocimiento sobre el liderazgo visto desde la Neurociencia, como una forma de innovación en el abordaje de este fenómeno en el contexto organizacional.
El conocimiento del funcionamiento cerebral y su relación con el liderazgo, arroja nuevas oportunidades de gestión gerencial para el desarrollo del talento humano en las organizaciones, especialmente en el sentido de acoger la dimensión esencialmente humana del proceso administrativo, a partir de la reformulación de posturas mecanicistas, sociológicas o externalistas, hacia la comprensión profunda de los mecanismos cerebrales individuales que subyacen a las reacciones emocionales, la toma de decisiones, los procesos cognitivos y las preferencias relacionales que definen un estilo de liderazgo predominante en un individuo.
Desde este punto de vista, se asume el  liderazgo como la consecuencia de las manifestaciones conductuales producidas por ciertos eventos sucedidos a nivel cerebral, cuya principal evidencia es la existencia de seguidores de una persona, a efectos del logro de tareas asociadas a una misión particular dentro de la organización; estos mecanismos subyacentes son objeto del presente estudio, no  obstante, dejando fuera del alcance los efectos que tales mecanismos producen en los seguidores, así como los efectos predecibles o no, dentro del bucle de interacción humana natural y orgánica de los equipos de trabajo.
El presente marco de referencia, describe brevemente el paso del estudio del cerebro hacia la explicación de la conducta humana; luego, se refiere a los más recientes avances de la neurociencia y las redes cerebrales dominantes; posteriormente se refiere al vínculo entre tales redes neuronales y su relación con el liderazgo, para dar lugar a un concepto de neuroliderazgo; por  último, con base en la descripción de antecedentes investigativos sobre el tema, se sustenta el planteamiento del problema de investigación.

 Neurociencia cognitiva y estudio del liderazgo en el presente

 

  El estudio del cerebro ha convocado a grandes filósofos y científicos a través de los siglos, tratando de descifrar su anatomía, fisiología, estados y  relación con el comportamiento humano normal o anormal, en general.  Se entiende como un órgano de trascendental importancia para el desarrollo de la vida de los organismos de mayor complejidad como los mamíferos, (Blanco, 2014) y en el caso puntual de esta investigación, del Ser Humano en las organizaciones.
Según documentos, al año 4.000 a.C., los Sumerios documentaron las reacciones eufóricas  producidas por las semillas de amapola, dejando textos que  evidencian su interés por descifrar la relación entre el comportamiento humano y los procesos psicológicos que presumiblemente subyacían a dichos comportamientos (Carter, 2009). Las explicaciones que por aquella época predominaban, eran de carácter teológico atribuyendo ciertas reacciones no comunes a la existencia de fuerzas malignas que producían la enfermedad del cuerpo. (Ruiz, Hernández, & Ruiz, 2003), citado por (Polanco, 2007) 
Los estudios que en ese momento se desarrollaban no eran, en sentido estricto, neurológicos, ya que se adjudicaban causas paranormales, místicas o espirituales a los quebrantos de salud o comportamientos inusuales, sin llegar a determinar una relación directa con el funcionamiento del cerebro. De allí, que existan autores que se inclinen por ubicar el origen de la Neurología en Grecia Antigua, gracias al hallazgo  del cerebro como principal responsable de las funciones superiores de la psiquis del Ser Humano (Blanco, 2014).
La Anatomía, Embriología, Fisiología, Bioquímica, Farmacología, Psicología y Neurología son algunas de las disciplinas que han dado cuerpo teórico al estudio del cerebro a lo largo de la historia de la ciencia. Existen desde luego, distintas disciplinas más contemporáneas, como las ciencias de la Computación o la Bioingeniería incluso, que se ha anexado al desafío de vislumbrar el funcionamiento del sistema nervioso y los comportamientos y conductas que de él provienen. La  interdisciplinariedad es una modalidad de obligada aplicación para imprimir rigor en los estudios científicos relacionados con el cerebro (Cavada, 2014).


Redes cerebrales y estilos de liderazgo

   Las investigaciones recientes acerca del funcionamiento cerebral han permitido caracterizar dos tipos de redes neuronales cuyo funcionamiento antagónico diferencia estilos de pensamiento y comportamientos asociados a formas distintas en el desempeño en el  rol de  liderazgo de equipos de trabajo.
En las diferentes investigaciones de actividad funcional cerebral hubo un interés creciente en el uso de neuroimagen para caracterizar las redes cerebrales a gran escala; es así como una vez descubierta la Red de Modo Automático (DMN, por sus siglas en Ingles) por serendipitia,  (Buckner, 2011),  se intensificó su estudio con el fin de establecer su papel en estados de aparente reposo cerebral.
Esta red de regiones aumenta su actividad cuando las personas están asistiendo a los procesos cognitivos de forma interna y reduce su actividad cuando se requiere un enfoque basado en tareas externas (Andrews-Hanna, 2012); (Mantini & Vanduffel, 2013); (Andrews-Hanna, Smallwood, & Spreng 2014); de acuerdo con (Kubit y Jack, 2013), la DMN está asociada a los procesos de cognición social; pero también a los estados de aburrimiento, (Danckert & Merrifield, 2016)
La red DMN se activa cuando se atiende primordialmente al sentido y emoción provocados por pensamientos introspectivos, retrospectivos, prospectivos, pero ante todo de valoración ética de una decisión y su impacto en las demás personas, en orden con lo expuesto por (Boyatzis, Rochford, & Jack, 2014) adicionalmente la red DMN está orientada a la autoconciencia emocional, la cognición social, la toma de decisiones éticas, la creatividad y apertura a nuevas ideas, (Ochsner, Beer, Robertson, Cooper, Gabrieli & Kihsltrom, 2005); (Schilbach, Eickhoff, Rotarska-Jagiela, Fink, & Vogeley, 2008)
La red neuronal por defecto, se desactiva durante la ejecución de tareas cognitivas de cualquier tipo (Spreng & Mar, 2012; Bado, et. al. 2014); su activación, en estado de reposo, está asociada a la monitorización de estados internos y de memorias autobiográficas,        (Proa, Álvarez, De la Iglesia, Bonmatí, y Castellanos, 2011).        
 Existe otro circuito anticorrelacionado con la DMN que suele estar activado durante la realización de tareas cognitivas,  denominado el circuito Task Positive Network (TPN por su sigla en inglés)     (Proa, Álvarez, De la Iglesia, Bonmatí, y Castellanos, 2011; Bardouille & Boe, 2012; Kubit &Jack, 2013). La red denominada TPN se activa en circunstancias de focalización en la resolución pragmática de un problema y obtención de un resultado positivo.
La TPN es una red orientada a la atención externa, los cálculos lógico-matemáticos y analíticos, toma de decisiones, control de la acción, tareas no sociales y resolución de problemas y memoria (Fox, Snyder, Vincent, Corbetta, Van Essen & Raichle, 2005; Buckner, Andrews-Hanna & Schacter, 2008; Uddin, Biswal, Castellanos & Milham, 2009; Hanna, 2012; Snellenberg; 2015).
Con base en las investigaciones realizadas, se ha demostrado que las personas con bajo control cognitivo privilegian la activación del modo de red por defecto (DMN), manifestando mayor facilidad para hallar soluciones creativas a problemas y mejor detección de las condiciones del contexto que les rodea. Por lo tanto, se infiere una mayor capacidad de atender con eficacia tareas no estructuradas, mientras que las personas con alto control cognitivo primordialmente activan su red TPN, desarrollando mejor desempeño en tareas estructuradas (Magnuson, 2015); (Amer, Campbell & Hasher, 2016).

 Neuroliderazgo

Según los estudios de Boyatzis, Rochford y Jack ,  (2014), la predominancia relativa de una de estas dos redes cerebrales presentes en todas las personas, correlaciona con el estilo de desempeño comportamental en el direccionamiento de equipos de trabajo, toma de decisiones y orientación de las organizaciones; es decir que el estilo de liderazgo puede estar marcado por un ritmo cerebral de activación particular, especialmente en relación con la alternancia tarea-reposo (TPN – DMN).  La red denominada TPN (Task Positive Network) se asocia al llamado “liderazgo por resultados o centrado en la tarea”, la cual, según Peña y Álvarez, (2016), se caracteriza por:
a) Facilidad para diseñar planes estratégicos de desarrollo, b) Facilidad para operacionalizar o poner en práctica planes de desarrollo, c) Preferencia por los análisis de orden racional , matemático, financiero, d) Versatilidad para identificar rutas críticas alternativas (CPM), e) Capacidad de concentrarse en encontrar una solución a un problema sin distracciones en otros f) Gusto por los logros de objetivos y metas con efectividad, g) Preocupación por la eficiencia y eficacia del trabajo de sus colaboradores, h) Disposición al cumplimiento estricto de las normas y reglamentos, i) Preferencia por la toma pronta de decisiones, j) Preferencia por las decisiones racionales y analíticas, k) Valoración de las decisiones en función primordial de sus ventajas para la empresa l) Preferencia por asumir sin dilaciones las acciones que deben seguirse, m) Gusto por hacer que los demás cumplan a tiempo, n) Disfrute propio de los logros de su equipo de trabajo, ñ) Confianza en la efectividad de las soluciones suficientemente probadas, o) Inspección permanente del cumplimiento de sus funciones misionales, p) Supervisión crítica del desempeño de su equipo de trabajo, y q) Buen manejo de la memoria de trabajo, habilidad comunicativa, razonamiento lógico, matemático y relacionamiento entre causa efecto.
Por su parte  la red DMN (Default Mode Network) se relaciona con el “liderazgo relacional”, caracterizada según Peña y Álvarez, (2016.) por los siguientes rasgos:
a) Facilidad para reconocer emociones propias, b) Facilidad para reconocer emociones de los demás, c) Facilidad de generar emociones positivas en los colaboradores, d) Facilidad para lograr que los demás se adhieran emocionalmente a sus iniciativas, e) Capacidad de entender y ponerse en la situación de otros, f) Gusto por asumir la organización de equipos de trabajo, g) Disposición a dirigir el trabajo de equipos a cargo, h) Tendencia a la concertación y adopción de consensos, i) Aceptación de la capacidad intuitiva de las personas en la toma de decisiones, j) Apreciación moral de las decisiones y acciones desde el beneficio mutuo y colectivo, k) Disposición para aceptar cambios frente a nuevos retos, l) Tendencia a proponer innovación recurrente. m) Promoción de apertura a nuevas ideas en sus colaboradores, n) Aceptación sincera e incorporación de las propuestas de innovación, ñ) Capacidad de visionar el futuro lógico, posible y deseable, o) Facilidad para hacer que los demás compartan y se enganchen en la visión, p) Disfrute por los triunfos y logros de sus colaboradores, q) Flexibilidad para revalorizar las situaciones (ver el aspecto positivo).
También es conocido que existen  predisposiciones biológicas para tender a la preferencia de activación de una y otra red; por ejemplo, las personas con mayor necesidad de logro parecen tener mayores niveles de secreción de vasopresina y aquellas con mayor tendencia al reposo, segregan mayor volumen de epinefrina (Boyatzis, R. E. & Sala, F. 2004). Con base en las investigaciones realizadas, se ha demostrado que las personas con bajo control cognitivo privilegian la activación del modo de red por defecto (DMN), manifestando mayor facilidad para hallar soluciones creativas a problemas y mejor detección de las condiciones del contexto que les rodea. Por lo tanto, se infiere una mayor capacidad de atender con eficacia tareas no estructuradas; y las personas con alto control cognitivo primordialmente activan su red TPN, desarrollando mejor desempeño en tareas estructuradas. (Amer, Campbell & Hasher, 2016), citados por Peña y Álvarez, (2016).
En la red predominante de la persona, se observan particularidades en las preferencias de su desempeño del liderazgo determinado por Boyatzis, Rochford y Jack, (2014) y citado en el estudio de Peña y Alvarez (2016). Según la circunstancia, la red predominante en la persona le conduce a mostrar conductas directivas diferenciales frente a los demás, con base en su experiencia e intuición, al decir de Kahneman, (2003).
A nivel conductual, las disposiciones neuronales y hormonales pueden subyacer a ciertas características de personalidad, estilos de aprendizaje o roles de liderazgo preferidos (Boyatzis & Sala, 2004).
Las personas con predominancia DMN tienen mayor facilidad de desempeño en tareas de bajo control cognitivo, respecto a las personas con predominancia TPN (Amer, Campbell & Hasher, 2016), quienes se desempeñan mejor en tareas cuyo foco sea el control cognitivo. Sin embargo debe recordarse que en relación con el liderazgo, estas diferencias deben ponerse a prueba en función de tareas realizables en equipo con los seguidores o colaboradores.        
Según Boyatzis, R.E.& Goleman, D. (2007), desde la perspectiva de la inteligencia emocional la forma de ejercer el liderazgo en las organizaciones implica el desarrollo adecuado de competencias emocionales con el fin de despertar en los seguidores entusiasmo, encausar positivamente sus emociones y movilizarlos hacia el logro efectivo de sus objetivos. Para beneficiar el desempeño laboral, el líder emocionalmente inteligente alienta en sus equipos cierto grado de bienestar que les lleva a compartir ideas, aprender los unos de los otros, asumir decisiones grupales y ser empáticos; estas son dimensiones de la red DMN, que, a su vez, requiere menor consumo energético en aquellas personas con alta inteligencia emocional, es decir, en aquellas que ejercen un liderazgo relacional. Arteaga, A. R. (2009), que estas capacidades se destacan más en el género femenino en comparación con el masculino.
De acuerdo con Graham (2010), las personas con alta inteligencia cognitiva, presentan mayores habilidades para tareas analíticas y una preferencia por asumir roles en solución de problemas de este tipo, dentro de las organizaciones.
Según Mason, (2007), mantener activo  un solo estado de red cerebral TPN o DMN, conduce a una percepción de ineficacia por parte de los seguidores;  Jack et al., (2012) indican que un líder con comportamiento permanente tipo DMN, es percibido como pasivo y de poco cuidado sobre la tarea.

Por su lado, estados TPN muy frecuentes sin interacción con las personas, resultan odiosos y excesivamente pragmáticos Peña y Álvarez, (2016); en consecuencia, se infiere que  para ejercer un liderazgo efectivo mediante el aprovechamiento estratégico y eficiente de las redes neuronales es recomendable estar en capacidad de alternar red neuronal Fox et al, (2005), teniendo en cuenta la demanda de las circunstancias o el enfoque de la tarea Peña y Álvarez, (2016)
Lo anterior sugiere que las nuevas tendencias de los estudios en neurociencia abren las puertas del conocimiento para que en vez de identificar las variables individuales y situacionales del liderazgo en forma aislada, sea más pertinente identificar las variables asociadas a la red neuronal predominante de los líderes y a la capacidad del líder para resonar  en un modo de red acorde con la naturaleza de las tareas que se presentan en el contexto organizacional Peña y Álvarez,  (2016), lo cual constituye un enfoque novedoso de profundización disciplinar hacia el concepto de neuroliderazgo.
Por lo anterior, resulta altamente relevante reconocer las tendencias preferenciales de liderazgo, considerando los indicadores conductuales referidos a las redes neuronales subyacentes.

Teniendo en cuenta el cambio en el foco de estudio sobre liderazgo que esto representa, se espera que así mismo, el impacto del conocimiento generado con este trabajo, conlleve fuerza representativa para realizar ajustes en los procesos de formación y desarrollo que apunten al mejoramiento personal de los líderes y su flexibilización sobre estilos predominantes, incluyendo nuevos enfoques de formación más  centrados en el entrenamiento cerebral para el cambio de redes neuronales y luego,  en las habilidades de interacción.

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