Estilos de liderazgo predominantes con base en
redes cerebrales subyacentes DMN-TPN
Neurociencia Cognitiva Aplicada a las Organizaciones,
desarrollada por el programa de Especialización de Gerencia del Talento Humano
y Riesgos Laborales, de la Corporación Universitaria Unitec de Bogotá-Colombia.
El propósito general del proyecto es contribuir al avance
del conocimiento sobre el liderazgo visto desde la Neurociencia, como una forma
de innovación en el abordaje de este fenómeno en el contexto organizacional.
El conocimiento del funcionamiento cerebral y su relación
con el liderazgo, arroja nuevas oportunidades de gestión gerencial para el
desarrollo del talento humano en las organizaciones, especialmente en el
sentido de acoger la dimensión esencialmente humana del proceso administrativo,
a partir de la reformulación de posturas mecanicistas, sociológicas o
externalistas, hacia la comprensión profunda de los mecanismos cerebrales
individuales que subyacen a las reacciones emocionales, la toma de decisiones,
los procesos cognitivos y las preferencias relacionales que definen un estilo
de liderazgo predominante en un individuo.
Desde este punto de vista, se asume el liderazgo como la consecuencia de las
manifestaciones conductuales producidas por ciertos eventos sucedidos a nivel
cerebral, cuya principal evidencia es la existencia de seguidores de una
persona, a efectos del logro de tareas asociadas a una misión particular dentro
de la organización; estos mecanismos subyacentes son objeto del presente
estudio, no obstante, dejando fuera del
alcance los efectos que tales mecanismos producen en los seguidores, así como
los efectos predecibles o no, dentro del bucle de interacción humana natural y
orgánica de los equipos de trabajo.
El presente marco de referencia, describe brevemente el paso
del estudio del cerebro hacia la explicación de la conducta humana; luego, se
refiere a los más recientes avances de la neurociencia y las redes cerebrales
dominantes; posteriormente se refiere al vínculo entre tales redes neuronales y
su relación con el liderazgo, para dar lugar a un concepto de neuroliderazgo;
por último, con base en la descripción
de antecedentes investigativos sobre el tema, se sustenta el planteamiento del
problema de investigación.
Neurociencia cognitiva y estudio del liderazgo en el
presente
El estudio del cerebro ha convocado
a grandes filósofos y científicos a través de los siglos, tratando de descifrar
su anatomía, fisiología, estados y
relación con el comportamiento humano normal o anormal, en general. Se entiende como un órgano de trascendental
importancia para el desarrollo de la vida de los organismos de mayor
complejidad como los mamíferos, (Blanco, 2014) y en el caso puntual de esta
investigación, del Ser Humano en las organizaciones.
Según documentos, al año 4.000 a.C., los Sumerios
documentaron las reacciones eufóricas
producidas por las semillas de amapola, dejando textos que evidencian su interés por descifrar la
relación entre el comportamiento humano y los procesos psicológicos que presumiblemente
subyacían a dichos comportamientos (Carter, 2009). Las explicaciones que por
aquella época predominaban, eran de carácter teológico atribuyendo ciertas
reacciones no comunes a la existencia de fuerzas malignas que producían la
enfermedad del cuerpo. (Ruiz, Hernández, & Ruiz, 2003), citado por
(Polanco, 2007)
Los estudios que en ese momento se desarrollaban no eran, en
sentido estricto, neurológicos, ya que se adjudicaban causas paranormales,
místicas o espirituales a los quebrantos de salud o comportamientos inusuales,
sin llegar a determinar una relación directa con el funcionamiento del cerebro.
De allí, que existan autores que se inclinen por ubicar el origen de la
Neurología en Grecia Antigua, gracias al hallazgo del cerebro como principal responsable de las
funciones superiores de la psiquis del Ser Humano (Blanco, 2014).
La Anatomía, Embriología, Fisiología, Bioquímica,
Farmacología, Psicología y Neurología son algunas de las disciplinas que han
dado cuerpo teórico al estudio del cerebro a lo largo de la historia de la
ciencia. Existen desde luego, distintas disciplinas más contemporáneas, como
las ciencias de la Computación o la Bioingeniería incluso, que se ha anexado al
desafío de vislumbrar el funcionamiento del sistema nervioso y los
comportamientos y conductas que de él provienen. La interdisciplinariedad es una modalidad de
obligada aplicación para imprimir rigor en los estudios científicos
relacionados con el cerebro (Cavada, 2014).
Redes cerebrales y estilos de
liderazgo
Las investigaciones recientes acerca del
funcionamiento cerebral han permitido caracterizar dos tipos de redes
neuronales cuyo funcionamiento antagónico diferencia estilos de pensamiento y
comportamientos asociados a formas distintas en el desempeño en el rol de
liderazgo de equipos de trabajo.
En las diferentes investigaciones de actividad funcional
cerebral hubo un interés creciente en el uso de neuroimagen para caracterizar
las redes cerebrales a gran escala; es así como una vez descubierta la Red de
Modo Automático (DMN, por sus siglas en Ingles) por serendipitia, (Buckner, 2011), se intensificó su estudio con el fin de
establecer su papel en estados de aparente reposo cerebral.
Esta red de regiones aumenta su actividad cuando las
personas están asistiendo a los procesos cognitivos de forma interna y reduce
su actividad cuando se requiere un enfoque basado en tareas externas
(Andrews-Hanna, 2012); (Mantini & Vanduffel, 2013); (Andrews-Hanna,
Smallwood, & Spreng 2014); de acuerdo con (Kubit y Jack, 2013), la DMN está
asociada a los procesos de cognición social; pero también a los estados de
aburrimiento, (Danckert & Merrifield, 2016)
La red DMN se activa cuando se atiende primordialmente al
sentido y emoción provocados por pensamientos introspectivos, retrospectivos,
prospectivos, pero ante todo de valoración ética de una decisión y su impacto
en las demás personas, en orden con lo expuesto por (Boyatzis, Rochford, &
Jack, 2014) adicionalmente la red DMN está orientada a la autoconciencia
emocional, la cognición social, la toma de decisiones éticas, la creatividad y
apertura a nuevas ideas, (Ochsner, Beer, Robertson, Cooper, Gabrieli &
Kihsltrom, 2005); (Schilbach, Eickhoff, Rotarska-Jagiela, Fink, & Vogeley,
2008)
La red neuronal por defecto, se desactiva durante la
ejecución de tareas cognitivas de cualquier tipo (Spreng & Mar, 2012; Bado,
et. al. 2014); su activación, en estado de reposo, está asociada a la
monitorización de estados internos y de memorias autobiográficas, (Proa, Álvarez, De la Iglesia, Bonmatí, y
Castellanos, 2011).
Existe otro circuito
anticorrelacionado con la DMN que suele estar activado durante la realización
de tareas cognitivas, denominado el
circuito Task Positive Network (TPN por su sigla en inglés) (Proa, Álvarez, De la Iglesia, Bonmatí, y
Castellanos, 2011; Bardouille & Boe, 2012; Kubit &Jack, 2013). La red denominada TPN se activa en
circunstancias de focalización en la resolución pragmática de un problema y
obtención de un resultado positivo.
La TPN es una red orientada a la atención externa, los
cálculos lógico-matemáticos y analíticos, toma de decisiones, control de la
acción, tareas no sociales y resolución de problemas y memoria (Fox, Snyder,
Vincent, Corbetta, Van Essen & Raichle, 2005; Buckner, Andrews-Hanna &
Schacter, 2008; Uddin, Biswal, Castellanos & Milham, 2009; Hanna, 2012;
Snellenberg; 2015).
Con base en las investigaciones realizadas, se ha demostrado
que las personas con bajo control cognitivo privilegian la activación del modo
de red por defecto (DMN), manifestando mayor facilidad para hallar soluciones
creativas a problemas y mejor detección de las condiciones del contexto que les
rodea. Por lo tanto, se infiere una mayor capacidad de atender con eficacia
tareas no estructuradas, mientras que las personas con alto control cognitivo
primordialmente activan su red TPN, desarrollando mejor desempeño en tareas
estructuradas (Magnuson, 2015); (Amer, Campbell & Hasher, 2016).
Neuroliderazgo
Según los estudios de Boyatzis, Rochford y Jack , (2014), la predominancia relativa de una de
estas dos redes cerebrales presentes en todas las personas, correlaciona con el
estilo de desempeño comportamental en el direccionamiento de equipos de
trabajo, toma de decisiones y orientación de las organizaciones; es decir que
el estilo de liderazgo puede estar marcado por un ritmo cerebral de activación
particular, especialmente en relación con la alternancia tarea-reposo (TPN –
DMN). La red denominada TPN (Task Positive
Network) se asocia al llamado “liderazgo por resultados o centrado en la
tarea”, la cual, según Peña y Álvarez, (2016), se caracteriza por:
a) Facilidad para diseñar planes estratégicos de desarrollo,
b) Facilidad para operacionalizar o poner en práctica planes de desarrollo, c)
Preferencia por los análisis de orden racional , matemático, financiero, d)
Versatilidad para identificar rutas críticas alternativas (CPM), e) Capacidad
de concentrarse en encontrar una solución a un problema sin distracciones en
otros f) Gusto por los logros de objetivos y metas con efectividad, g)
Preocupación por la eficiencia y eficacia del trabajo de sus colaboradores, h)
Disposición al cumplimiento estricto de las normas y reglamentos, i)
Preferencia por la toma pronta de decisiones, j) Preferencia por las decisiones
racionales y analíticas, k) Valoración de las decisiones en función primordial
de sus ventajas para la empresa l) Preferencia por asumir sin dilaciones las
acciones que deben seguirse, m) Gusto por hacer que los demás cumplan a tiempo,
n) Disfrute propio de los logros de su equipo de trabajo, ñ) Confianza en la
efectividad de las soluciones suficientemente probadas, o) Inspección
permanente del cumplimiento de sus funciones misionales, p) Supervisión crítica
del desempeño de su equipo de trabajo, y q) Buen manejo de la memoria de
trabajo, habilidad comunicativa, razonamiento lógico, matemático y
relacionamiento entre causa efecto.
Por su parte la red
DMN (Default Mode Network) se relaciona con el “liderazgo relacional”,
caracterizada según Peña y Álvarez, (2016.) por los siguientes rasgos:
a) Facilidad para reconocer emociones propias, b) Facilidad
para reconocer emociones de los demás, c) Facilidad de generar emociones
positivas en los colaboradores, d) Facilidad para lograr que los demás se
adhieran emocionalmente a sus iniciativas, e) Capacidad de entender y ponerse
en la situación de otros, f) Gusto por asumir la organización de equipos de
trabajo, g) Disposición a dirigir el trabajo de equipos a cargo, h) Tendencia a
la concertación y adopción de consensos, i) Aceptación de la capacidad
intuitiva de las personas en la toma de decisiones, j) Apreciación moral de las
decisiones y acciones desde el beneficio mutuo y colectivo, k) Disposición para
aceptar cambios frente a nuevos retos, l) Tendencia a proponer innovación
recurrente. m) Promoción de apertura a nuevas ideas en sus colaboradores, n)
Aceptación sincera e incorporación de las propuestas de innovación, ñ)
Capacidad de visionar el futuro lógico, posible y deseable, o) Facilidad para
hacer que los demás compartan y se enganchen en la visión, p) Disfrute por los
triunfos y logros de sus colaboradores, q) Flexibilidad para revalorizar las
situaciones (ver el aspecto positivo).
También es conocido que existen predisposiciones biológicas para tender a la
preferencia de activación de una y otra red; por ejemplo, las personas con
mayor necesidad de logro parecen tener mayores niveles de secreción de
vasopresina y aquellas con mayor tendencia al reposo, segregan mayor volumen de
epinefrina (Boyatzis, R. E. & Sala, F. 2004). Con base en las
investigaciones realizadas, se ha demostrado que las personas con bajo control
cognitivo privilegian la activación del modo de red por defecto (DMN),
manifestando mayor facilidad para hallar soluciones creativas a problemas y
mejor detección de las condiciones del contexto que les rodea. Por lo tanto, se
infiere una mayor capacidad de atender con eficacia tareas no estructuradas; y
las personas con alto control cognitivo primordialmente activan su red TPN,
desarrollando mejor desempeño en tareas estructuradas. (Amer, Campbell &
Hasher, 2016), citados por Peña y Álvarez, (2016).
En la red predominante de la persona, se observan
particularidades en las preferencias de su desempeño del liderazgo determinado
por Boyatzis, Rochford y Jack, (2014) y citado en el estudio de Peña y Alvarez
(2016). Según la circunstancia, la red predominante en la persona le conduce a
mostrar conductas directivas diferenciales frente a los demás, con base en su
experiencia e intuición, al decir de Kahneman, (2003).
A nivel conductual, las disposiciones neuronales y
hormonales pueden subyacer a ciertas características de personalidad, estilos
de aprendizaje o roles de liderazgo preferidos (Boyatzis & Sala, 2004).
Las personas con predominancia DMN tienen mayor facilidad de
desempeño en tareas de bajo control cognitivo, respecto a las personas con
predominancia TPN (Amer, Campbell & Hasher, 2016), quienes se desempeñan
mejor en tareas cuyo foco sea el control cognitivo. Sin embargo debe recordarse
que en relación con el liderazgo, estas diferencias deben ponerse a prueba en
función de tareas realizables en equipo con los seguidores o colaboradores.
Según Boyatzis, R.E.& Goleman, D. (2007), desde la
perspectiva de la inteligencia emocional la forma de ejercer el liderazgo en
las organizaciones implica el desarrollo adecuado de competencias emocionales
con el fin de despertar en los seguidores entusiasmo, encausar positivamente
sus emociones y movilizarlos hacia el logro efectivo de sus objetivos. Para
beneficiar el desempeño laboral, el líder emocionalmente inteligente alienta en
sus equipos cierto grado de bienestar que les lleva a compartir ideas, aprender
los unos de los otros, asumir decisiones grupales y ser empáticos; estas son
dimensiones de la red DMN, que, a su vez, requiere menor consumo energético en
aquellas personas con alta inteligencia emocional, es decir, en aquellas que
ejercen un liderazgo relacional. Arteaga, A. R. (2009), que estas
capacidades se destacan más en el género femenino en comparación con el
masculino.
De acuerdo con Graham (2010), las personas con alta
inteligencia cognitiva, presentan mayores habilidades para tareas analíticas y
una preferencia por asumir roles en solución de problemas de este tipo, dentro
de las organizaciones.
Según Mason, (2007), mantener activo un solo estado de red cerebral TPN o DMN,
conduce a una percepción de ineficacia por parte de los seguidores; Jack et al., (2012) indican que un líder con
comportamiento permanente tipo DMN, es percibido como pasivo y de poco cuidado
sobre la tarea.
Por su lado, estados TPN muy frecuentes sin interacción con
las personas, resultan odiosos y excesivamente pragmáticos Peña y Álvarez,
(2016); en consecuencia, se infiere que
para ejercer un liderazgo efectivo mediante el aprovechamiento
estratégico y eficiente de las redes neuronales es recomendable estar en
capacidad de alternar red neuronal Fox et al, (2005), teniendo en cuenta la
demanda de las circunstancias o el enfoque de la tarea Peña y Álvarez, (2016)
Lo anterior sugiere que las nuevas tendencias de los
estudios en neurociencia abren las puertas del conocimiento para que en vez de
identificar las variables individuales y situacionales del liderazgo en forma
aislada, sea más pertinente identificar las variables asociadas a la red
neuronal predominante de los líderes y a la capacidad del líder para
resonar en un modo de red acorde con la
naturaleza de las tareas que se presentan en el contexto organizacional Peña y
Álvarez, (2016), lo cual constituye un
enfoque novedoso de profundización disciplinar hacia el concepto de
neuroliderazgo.
Por lo anterior, resulta altamente relevante reconocer las
tendencias preferenciales de liderazgo, considerando los indicadores
conductuales referidos a las redes neuronales subyacentes.
Teniendo en cuenta el cambio en el foco de estudio sobre
liderazgo que esto representa, se espera que así mismo, el impacto del
conocimiento generado con este trabajo, conlleve fuerza representativa para
realizar ajustes en los procesos de formación y desarrollo que apunten al
mejoramiento personal de los líderes y su flexibilización sobre estilos
predominantes, incluyendo nuevos enfoques de formación más centrados en el entrenamiento cerebral para
el cambio de redes neuronales y luego,
en las habilidades de interacción.
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